ESTA ESLA LECCION PARA EL 28 DE FEBRERO
SER MODERADOS EN TODAS LAS COSAS
En respuesta a la consulta del
profeta José Smith, el Señor le
instruyó: “Y nadie puede ayudar
[en la obra] a menos que sea humilde
y lleno de amor, y tenga fe,
esperanza y caridad, y sea moderado
en todas las cosas, cualesquiera que le
fueren confiadas”1.
La instrucción de ser moderados
en todas las cosas se aplica a cada uno
de nosotros. ¿Qué es la moderación y
por qué quiere el Señor que seamos
moderados? Una definición limitada
podría ser “ejercer autodominio en lo
que respecta a la comida y la bebida”.
En efecto, ese significado podría ser
una buena norma para obedecer la
Palabra de Sabiduría. A veces, la moderación
se define como “contener el
enojo o no perder los estribos”. Sin
embargo, esas definiciones son sólo
algunas formas en las que se usa la palabra
en las Escrituras.
En el sentido espiritual, la moderación
es un atributo divino de
Jesucristo, y Él desea que cada uno de
nosotros lo desarrolle. El aprender a
ser moderado en todas las cosas es un
don espiritual que está a nuestra disposición
por medio del Espíritu Santo.
Cuando el apóstol Pablo describió
ciertos frutos del Espíritu en su epístola
a los gálatas, habló de “amor,
gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad,
fe, mansedumbre [y] templanza
[o sea moderación]”2.
En la carta que Pablo le escribió a
Tito, al describir los atributos que
debe tener un obispo para ayudar en
la obra, dijo que el obispo no debe
ser “soberbio, [ni] iracundo…” sino
“dueño de sí mismo”3; y para ser dueño
de sí mismo se debe tener moderación
en todas las cosas, o sea,
ejercer autodominio.
Cuando Alma el joven enseñó en la
tierra de Gedeón, dijo lo siguiente:
“…espero que no os hayáis envanecido
con el orgullo de vuestros corazones;
sí, confío en que no hayáis
puesto vuestros corazones en las riquezas
y las vanidades del mundo…”.
“…quisiera que fueseis humildes,
que fueseis sumisos y dóciles; fáciles
de persuadir; llenos de paciencia y
longanimidad; siendo moderados en
todas las cosas” 4.
En otro mensaje más adelante,
Alma enseñó a su hijo Shiblón y,
por extensión, también a todos nosotros:
“Procura no ensalzarte en el orgullo”
5; en vez, debía ser “diligente y
moderado en todas las cosas”6. El ser
moderado significa examinar nuestras
expectativas y deseos, y ser diligentes
y pacientes en nuestro esfuerzo por
alcanzar metas dignas.
Hace unos años, volvía a casa del
trabajo en el auto cuando un gran camión
semirremolque que iba en dirección
opuesta perdió uno de sus
neumáticos dobles. El neumático voló
sobre la medianera que separaba los
carriles y vino rebotando hacia mi
lado de la carretera. Los autos empezaron
a virar en ambas direcciones sin
saber en qué dirección iría el neumático.
Yo me fui hacia la izquierda para
esquivarlo cuando tendría que haberme
desviado hacia la derecha, y la
goma rebotó por última vez justo en
el costado de mi parabrisas.
Un amigo llamó a mi esposa para
avisarle del accidente. Ella me dijo
después que en lo primero que pensó
fue en las heridas que me habría causado
el vidrio al hacerse pedazos. En
efecto, quedé cubierto con trocitos
del vidrio roto, pero no sufrí ni siquiera
un rasguño. Definitivamente no fue
por mis habilidades para conducir;
más bien fue porque el parabrisas estaba
hecho de vidrio templado.
El vidrio templado, así como el
acero templado, pasa por un proceso
de calentamiento bien controlado
que aumenta su resistencia; por lo
tanto, cuando el vidrio templado está
bajo presión, no se rompe fácilmente
en fragmentos dentados que puedan
causar daño.
Del mismo modo, un alma templada,
una que sea humilde y llena
de amor, es también una persona de
mayor fortaleza espiritual. Con mayor
fortaleza espiritual, podemos desarrollar
el autodominio y vivir con
moderación; aprendemos a controlar
o moderar el enojo, la vanidad y
el orgullo. Con mayor fortaleza espiritual
nos protegemos de los peligrosos
excesos y adicciones destructivas
de nuestro mundo actual.
Todos buscamos la serenidad y todos
deseamos seguridad y felicidad
para nuestra familia. Si tratamos de
encontrar el lado bueno de la recesión
de este año pasado, tal vez sea
que las pruebas que algunos de nosotros
hayamos enfrentado nos hayan
enseñado que la paz interior, la
seguridad y la felicidad no provienen
de comprar una casa ni de acumular
posesiones que hacen que la deuda
contraída resulte mayor de lo que
nuestros ahorros o ingresos nos
permitan.
Vivimos en un mundo impaciente
y desenfrenado, lleno de incertidumbre
y de contención; es parecido a la
comunidad de conversos de varias religiones
donde vivía José Smith cuando
era un muchacho de catorce años
y buscaba respuesta para sus dudas.
El joven José comentó: “…toda esa
buena voluntad del uno para con el
otro, si es que alguna vez la abrigaron,
se había perdido completamente
en una lucha de palabras y contienda
de opiniones”7.
La seguridad para nuestra familia
se obtiene aprendiendo a usar el autodominio,
evitando los excesos de
este mundo y siendo moderados en
todas las cosas. La paz interior proviene
de una fe en Jesucristo fortalecida.
La felicidad se consigue al ser diligente
en guardar los convenios hechos
en el bautismo y en los santos templos
del Señor.
¿Qué ejemplo mejor de templanza
o moderación tenemos que el de
nuestro Salvador Jesucristo?
Al sentir el corazón agitado por el
enojo debido a discusiones y a contención,
el Salvador enseñó que debemos
“[arrepentirnos y volvernos]
como un niño pequeñito”8. Debemos
reconciliarnos con nuestro hermano y
venir a Cristo con íntegro propósito
de corazón9.
Cuando los demás son crueles,
Jesús enseñó: “…pero mi bondad no
se apartará de ti”10.
Cuando afrontamos aflicciones,
Él dijo: “Ten paciencia en las tribulaciones;
no ultrajes a los que ultrajan.
Gobierna tu casa con mansedumbre y
sé constante”11.
Cuando somos oprimidos, podemos
recibir consuelo al saber que Él
“fue oprimido y afligido, pero no
abrió su boca”12; y que “ciertamente él
ha llevado nuestros pesares y sufrido
nuestros dolores”13.
Cuando Jesucristo, el más grande
de todos, sufrió por nosotros hasta el
punto de sangrar por cada poro, no
expresó enojo ni injurió por su padecimiento;
con autodominio sin par, o
templanza, no pensó en Sí mismo
sino en ustedes y en mí. Luego, con
humildad y lleno de amor, dijo: “Sin
embargo, gloria sea al Padre, bebí, y
acabé mis preparativos para con los
hijos de los hombres”14.
Durante este año pasado he tenido
el privilegio de dar testimonio
de la realidad de nuestro Salvador y
de la restauración del Evangelio a
santos y a amigos por toda Asia; la
mayoría de ellos son la primera generación
de Santos de los Últimos
Días, y viven en el confín de la
Iglesia. La jornada de ellos en estos
últimos días en su medio nos recuerda
la de los primeros Santos de los
Últimos Días en tiempos pasados.
En ese maravilloso mundo tan
diverso de Asia, donde los miembros
de La Iglesia de Jesucristo de los
Santos de los Últimos Días son una
mínima fracción de un uno por ciento
de la inmensa población, he obtenido
un aprecio mayor por el atributo
cristiano de la moderación. Amo y
honro a esos santos que me han enseñado
por el ejemplo lo que significa
ser humilde y lleno de amor,
“moderado en todas las cosas, cualesquiera
que le fueren confiadas” 15. Por
medio de ellos, he llegado a comprender
mejor el amor que Dios tiene
por todos Sus hijos.
Dejo mi testimonio de que nuestro
Redentor vive y de que Su divino don
de la moderación está al alcance de
cada uno de los hijos de Dios; en el
nombre de Jesucristo. Amén.
NOTAS
1. D. y C. 12:8.
2. Gálatas 5:22–23.
3. Tito 1:7–8.
4. Alma 7:6, 23.
5. Alma 38:11.
6. Alma 38:10.
7. José Smith—Historia 1:6.
8. Véase 3 Nefi 11:37.
9. Véase 3 Nefi 12:24.
10. 3 Nefi 22:10.
11. D. y C. 31:9.
12. Mosíah 14:7.
13. Mosíah 14:4.
14. D. y C. 19:19.
15. D. y C. 12:8.
EL ÉLDER KENT D. WATSON
De los Setenta
El aprender a ser moderado en todas las cosas es un don
espiritual que está a nuestra disposición por medio del
Espíritu Santo.
De los Setenta
El aprender a ser moderado en todas las cosas es un don
espiritual que está a nuestra disposición por medio del
Espíritu Santo.
En respuesta a la consulta del
profeta José Smith, el Señor le
instruyó: “Y nadie puede ayudar
[en la obra] a menos que sea humilde
y lleno de amor, y tenga fe,
esperanza y caridad, y sea moderado
en todas las cosas, cualesquiera que le
fueren confiadas”1.
La instrucción de ser moderados
en todas las cosas se aplica a cada uno
de nosotros. ¿Qué es la moderación y
por qué quiere el Señor que seamos
moderados? Una definición limitada
podría ser “ejercer autodominio en lo
que respecta a la comida y la bebida”.
En efecto, ese significado podría ser
una buena norma para obedecer la
Palabra de Sabiduría. A veces, la moderación
se define como “contener el
enojo o no perder los estribos”. Sin
embargo, esas definiciones son sólo
algunas formas en las que se usa la palabra
en las Escrituras.
En el sentido espiritual, la moderación
es un atributo divino de
Jesucristo, y Él desea que cada uno de
nosotros lo desarrolle. El aprender a
ser moderado en todas las cosas es un
don espiritual que está a nuestra disposición
por medio del Espíritu Santo.
Cuando el apóstol Pablo describió
ciertos frutos del Espíritu en su epístola
a los gálatas, habló de “amor,
gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad,
fe, mansedumbre [y] templanza
[o sea moderación]”2.
En la carta que Pablo le escribió a
Tito, al describir los atributos que
debe tener un obispo para ayudar en
la obra, dijo que el obispo no debe
ser “soberbio, [ni] iracundo…” sino
“dueño de sí mismo”3; y para ser dueño
de sí mismo se debe tener moderación
en todas las cosas, o sea,
ejercer autodominio.
Cuando Alma el joven enseñó en la
tierra de Gedeón, dijo lo siguiente:
“…espero que no os hayáis envanecido
con el orgullo de vuestros corazones;
sí, confío en que no hayáis
puesto vuestros corazones en las riquezas
y las vanidades del mundo…”.
“…quisiera que fueseis humildes,
que fueseis sumisos y dóciles; fáciles
de persuadir; llenos de paciencia y
longanimidad; siendo moderados en
todas las cosas” 4.
En otro mensaje más adelante,
Alma enseñó a su hijo Shiblón y,
por extensión, también a todos nosotros:
“Procura no ensalzarte en el orgullo”
5; en vez, debía ser “diligente y
moderado en todas las cosas”6. El ser
moderado significa examinar nuestras
expectativas y deseos, y ser diligentes
y pacientes en nuestro esfuerzo por
alcanzar metas dignas.
Hace unos años, volvía a casa del
trabajo en el auto cuando un gran camión
semirremolque que iba en dirección
opuesta perdió uno de sus
neumáticos dobles. El neumático voló
sobre la medianera que separaba los
carriles y vino rebotando hacia mi
lado de la carretera. Los autos empezaron
a virar en ambas direcciones sin
saber en qué dirección iría el neumático.
Yo me fui hacia la izquierda para
esquivarlo cuando tendría que haberme
desviado hacia la derecha, y la
goma rebotó por última vez justo en
el costado de mi parabrisas.
Un amigo llamó a mi esposa para
avisarle del accidente. Ella me dijo
después que en lo primero que pensó
fue en las heridas que me habría causado
el vidrio al hacerse pedazos. En
efecto, quedé cubierto con trocitos
del vidrio roto, pero no sufrí ni siquiera
un rasguño. Definitivamente no fue
por mis habilidades para conducir;
más bien fue porque el parabrisas estaba
hecho de vidrio templado.
El vidrio templado, así como el
acero templado, pasa por un proceso
de calentamiento bien controlado
que aumenta su resistencia; por lo
tanto, cuando el vidrio templado está
bajo presión, no se rompe fácilmente
en fragmentos dentados que puedan
causar daño.
Del mismo modo, un alma templada,
una que sea humilde y llena
de amor, es también una persona de
mayor fortaleza espiritual. Con mayor
fortaleza espiritual, podemos desarrollar
el autodominio y vivir con
moderación; aprendemos a controlar
o moderar el enojo, la vanidad y
el orgullo. Con mayor fortaleza espiritual
nos protegemos de los peligrosos
excesos y adicciones destructivas
de nuestro mundo actual.
Todos buscamos la serenidad y todos
deseamos seguridad y felicidad
para nuestra familia. Si tratamos de
encontrar el lado bueno de la recesión
de este año pasado, tal vez sea
que las pruebas que algunos de nosotros
hayamos enfrentado nos hayan
enseñado que la paz interior, la
seguridad y la felicidad no provienen
de comprar una casa ni de acumular
posesiones que hacen que la deuda
contraída resulte mayor de lo que
nuestros ahorros o ingresos nos
permitan.
Vivimos en un mundo impaciente
y desenfrenado, lleno de incertidumbre
y de contención; es parecido a la
comunidad de conversos de varias religiones
donde vivía José Smith cuando
era un muchacho de catorce años
y buscaba respuesta para sus dudas.
El joven José comentó: “…toda esa
buena voluntad del uno para con el
otro, si es que alguna vez la abrigaron,
se había perdido completamente
en una lucha de palabras y contienda
de opiniones”7.
La seguridad para nuestra familia
se obtiene aprendiendo a usar el autodominio,
evitando los excesos de
este mundo y siendo moderados en
todas las cosas. La paz interior proviene
de una fe en Jesucristo fortalecida.
La felicidad se consigue al ser diligente
en guardar los convenios hechos
en el bautismo y en los santos templos
del Señor.
¿Qué ejemplo mejor de templanza
o moderación tenemos que el de
nuestro Salvador Jesucristo?
Al sentir el corazón agitado por el
enojo debido a discusiones y a contención,
el Salvador enseñó que debemos
“[arrepentirnos y volvernos]
como un niño pequeñito”8. Debemos
reconciliarnos con nuestro hermano y
venir a Cristo con íntegro propósito
de corazón9.
Cuando los demás son crueles,
Jesús enseñó: “…pero mi bondad no
se apartará de ti”10.
Cuando afrontamos aflicciones,
Él dijo: “Ten paciencia en las tribulaciones;
no ultrajes a los que ultrajan.
Gobierna tu casa con mansedumbre y
sé constante”11.
Cuando somos oprimidos, podemos
recibir consuelo al saber que Él
“fue oprimido y afligido, pero no
abrió su boca”12; y que “ciertamente él
ha llevado nuestros pesares y sufrido
nuestros dolores”13.
Cuando Jesucristo, el más grande
de todos, sufrió por nosotros hasta el
punto de sangrar por cada poro, no
expresó enojo ni injurió por su padecimiento;
con autodominio sin par, o
templanza, no pensó en Sí mismo
sino en ustedes y en mí. Luego, con
humildad y lleno de amor, dijo: “Sin
embargo, gloria sea al Padre, bebí, y
acabé mis preparativos para con los
hijos de los hombres”14.
Durante este año pasado he tenido
el privilegio de dar testimonio
de la realidad de nuestro Salvador y
de la restauración del Evangelio a
santos y a amigos por toda Asia; la
mayoría de ellos son la primera generación
de Santos de los Últimos
Días, y viven en el confín de la
Iglesia. La jornada de ellos en estos
últimos días en su medio nos recuerda
la de los primeros Santos de los
Últimos Días en tiempos pasados.
En ese maravilloso mundo tan
diverso de Asia, donde los miembros
de La Iglesia de Jesucristo de los
Santos de los Últimos Días son una
mínima fracción de un uno por ciento
de la inmensa población, he obtenido
un aprecio mayor por el atributo
cristiano de la moderación. Amo y
honro a esos santos que me han enseñado
por el ejemplo lo que significa
ser humilde y lleno de amor,
“moderado en todas las cosas, cualesquiera
que le fueren confiadas” 15. Por
medio de ellos, he llegado a comprender
mejor el amor que Dios tiene
por todos Sus hijos.
Dejo mi testimonio de que nuestro
Redentor vive y de que Su divino don
de la moderación está al alcance de
cada uno de los hijos de Dios; en el
nombre de Jesucristo. Amén.
NOTAS
1. D. y C. 12:8.
2. Gálatas 5:22–23.
3. Tito 1:7–8.
4. Alma 7:6, 23.
5. Alma 38:11.
6. Alma 38:10.
7. José Smith—Historia 1:6.
8. Véase 3 Nefi 11:37.
9. Véase 3 Nefi 12:24.
10. 3 Nefi 22:10.
11. D. y C. 31:9.
12. Mosíah 14:7.
13. Mosíah 14:4.
14. D. y C. 19:19.
15. D. y C. 12:8.
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